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Un gran descubrimiento, el CEREBRO

Blog, Testimonios 23 de Octubre de 2018

Kaixo, soy Ane. Mi historia empieza en el verano del 2005. Me apasiona viajar y estaba de vacaciones recorriendo mundo. La víspera de volver a casa, cuando fui a coger mi mochila, note un crack en la zona lumbar que me dejó clavada con un dolor intensísimo. Ahí empezó otro viaje, un viaje muy largo y no tan emocionante, la verdad.

A partir de ahí empecé a tener nuevos episodios, muy de vez en cuando al principio, y que siempre eran de quedarme clavada y tras unos días de reposo volver a estar bien.  Pero esto fue cambiando, con el paso de los años estos ataques lumbares empezaron a darse con más frecuencia, cada vez pasaba menos tiempo entre un episodio y otro, cada vez eran más dolorosos y cada vez me costaba más recuperarme.

Durante ese tiempo tuve mis primeras visitas al médico de cabecera. Me recetaba medicamentos para la inflamación y el dolor y me daba consejos de cómo sentarme en una silla, cómo coger pesos, etc. Pero claro, mis visitas al médico empezaron a ser cada vez más frecuentes y finalmente me derivó al traumatólogo. Ahí me dieron un diagnóstico:

Lumbalgia crónica de tipo mecánico, de probable origen en la discopatía degenerativa L5-S1, con hernia discal central.

Fascitis plantar crónica (esto vendría más tarde, 2009)

He tenido que mirarlo, antes me lo sabía de memoria, pero ahora no me acordaba bien. ¡Que alegríaaa!! Quería ponerlo, a lo mejor está leyendo alguien con ese mismo diagnóstico y le pueda ayudar. Cuando yo estaba mal, me hacían sentir que tenía mucha importancia, aunque menos mal, con el tiempo he aprendido que no siempre es así.

Hecho el diagnóstico, empecé con rehabilitación. Pero no mejoró nada el asunto, al revés, cada vez estaba peor. Me quedaba clavada, con un dolor terrible, de no poder levantarme de la cama, de ser incapaz de vestirme, de tener que ir al baño agarrada a las paredes...

Ese fue el comienzo de un deterioro físico y mental muy duro.

Tenía miedo a todo. Como hiciera algo un poco fuera de la rutina que me habían/había marcado, ya estaba esperando las consecuencias al día siguiente. Y venían, ¡claro!

Entonces empezó mi periplo de visitas a especialistas de todo tipo.

Podría contaros con detalle mil historias de mis idas y venidas a fisios, osteópata, acupuntura, quiropráctico, brujo, apiterapia, ozonoterapia, infiltración fascitis plantar, plantillas, médicos traumatólogos especialistas en espalda, todo tipo de pruebas, todo tipo de consejos/pautas/ejercicios para hernia discal, curso dolor de espalda en ambulatorio…

Compré sillas y sofá que se adecuaran a mi espalda, para casa, para el trabajo, para sentarme recta, pies/espalda 90º, las piernas rectas también, nada de cruzarlas por supuesto, zapatos de todo tipo para adecuarse a las plantillas, tenía que bajar de peso, en invierno por el frío las contracturas son más frecuentes, ¡ojo con movimientos bruscos!!... (¡tenía tan interiorizado todo eso!). Pero nada funcionaba. ¡Cada vez iba a peor!!!

Llegué a apuntar todo lo que hacía por si encontraba alguna pista y ver si daba con la causa. Pero claro, no tenía ninguna lógica, y al final dejé de hacerlo.

Los médicos, fisios...al principio me daban consejos e intentaban ayudar cada uno a su manera, pero con el tiempo veían que iba empeorando y después de un tiempo no sabían muy bien que decirme, ni qué hacer. Estuvo ahí la opción de operarme, aunque el traumatólogo especialista me decía que en principio él no lo veía, que tenía que valorar en cómo condicionaba mi vida y decidirlo yo (decidí no operarme, menos mal). Mi familia y amig@s me veían fatal e intentaban ayudar, pero tampoco sabíamos muy bien cómo (ni ell@s, ni yo), y de verdad que fue una época muy dura.

El último año estaba ya muy tocada anímicamente. No veía salida y, viendo el panorama, empecé a preguntarme si ya sería así para siempre; buufff, sólo de recordarlo se me remueve todo por dentro!

Lo que estaba claro era que lo que tenía (esa hernia discal), no concordaba con la invalidez que me producía (dolor crónico e inmovilidad casi total).

En este estado, una amiga me recomendó una fisio, en principio era ir a otro sitio más, así lo sentía, y recuerdo que así se lo transmití: “Vengo a que me veas, pero he estado con muchos fisios y, aunque al principio mejoro, luego vuelvo otra vez a estar mal. No creo que esto tenga remedio”.

Con mucha paciencia intentó animarme, pero realmente así sucedió. Tras varias sesiones no se veía ninguna mejora. En este centro de rehabilitación trabajaban en equipo y me dijo que llevaría mi caso al grupo. Y tachaaaan, ahí conocí a Maria Jiménez y empecé a trabajar con ella.

El trabajo con María:

Me planteó trabajar una sesión individual con ella y otras dos de movimiento grupal, en grupo pequeño. Recuerdo sobre todo las primeras sesiones individuales. Me sentaba en un balón grande (yo agobiadisima, ella me ponía ahí queriendo claro). Me mandaba como trabajo para casa leerme el libro “Migraña, una pesadilla cerebral” de Arturo Goicoechea y luego comentábamos lo leído. Cuando empezamos a hablar me parecía ciencia ficción, mi dolor era real y yo tenía inflamada la zona lumbar y  pensaba...¿Esta qué me está contando?. Claro que el dolor era real, pero entendí que no el peligro. Emocionalmente estaba muy tocada y cuando hablábamos sentía impotencia, me emocionaba y empezaba a llorar. Para vernos por un agujero, ¡qué cuadro! jajaja.

Aprendí a conocer y a entender el cerebro. Cómo gestiona nuestro cuerpo, las lecturas falsas que hace, cómo funciona nuestro sistema inmune (realmente tenía dolor), conceptos como copia eferente, neuronas espejo, cómo nos influyen aunque no seamos conscientes las creencias culturales que tan interiorizadas tenemos…

Mis deberes eran tipo “coges un libro y te sientas en cualquier banco de la calle como te dé la gana”.  “Para trabajar las neuronas espejo vas a ver y bailar “I’m single lady” de Beyonce”. Me lo puse mil veces; dale para arriba, venga para abajo, movimiento de cadera, desmelene total y no pasaba nada! y además me divertía!

Yo soy muy visual y me ayudaron mucho los vídeos e imágenes que me ponía Maria para trabajar todos esos conceptos.

Mi cerebro iba aprendiendo e interiorizando todos estos nuevos conocimientos, los anteriores que los tenía como premisas se fueron desintegrando, empezaron los primeros cambios y todo empezó a encajar.

Entendí por primera vez lo que me pasaba, tenía lógica lo que leía y aprendía y, además, al trabajar el movimiento empezaron a producirse cambios en mi cuerpo. Ahí fue donde hice KLIK! Como cuando un niñ@ encaja las letras y empieza a leer.

De todos modos fue curioso ver que esas viejas creencias perduraban. ¡Cómo cuesta cambiar lo que tantas veces hemos escuchado y creído durante tantos años!. Pero con el tiempo y, comprobando sobre todo que no tenían sentido, han ido desapareciendo.

¿Y cómo ha cambiado mi vida? pues, TOTALMENTE!!!!

Hoy en día vuelvo a hacer un montón de cosas, seguramente queriendo recuperar todo lo que no pude hacer durante esos años. He vuelto a viajar, a ser activa en mi vida, en mi trabajo, disfruto con todo otra vez y sobre todo soy muy consciente de todo ello.

Me siento en cualquier sofá/silla y en cualquier postura, la que más me apetezca..

Hace años que no voy a un fisio, concretamente 4, desde que terminé con Maria.

Todo el mundo se sorprende de mi recuperación y de verme tan bien. Todavía me preguntan qué es lo que he hecho porque, viéndome como estaba, no dan crédito. Mi experiencia ha servido a más gente, cosa que me alegra especialmente.

Aunque todavía recibo muchos mensajes tipo "Ane, tú mejor esta silla, ¿no?" ahora soy capaz de responder, ¡y con mucho humor!.

Con ese capítulo cerrado, llegó otro nuevo.

Al poco de acabar con María me diagnosticaron cáncer de mama. Seguro que estas tres últimas palabras os han impactado más que todo lo que habéis leído hasta ahora (normalmente es así). Fue duro al principio, "¡otra vez mal no!", me dije, pero me lo descubrieron a tiempo. Yo estaba ya bien físicamente y mentalmente. Me dieron radio, estoy en tratamiento con pastillas, y revisiones cada 6 meses, pero os digo de verdad que lo pasé mucho peor con mi hernia discal. Estoy segura de que todo lo aprendido me ha ayudado a enfrentarme al cáncer con más serenidad y positividad y que mi cerebro está preparado para entender lo que me pasa y no impide que siga disfrutando de la vida!!!

 

Gracias María.

 


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